Desayunos interrumpidos

Por Jorge Conalbi Anzorena
martes, 14 de junio de 2022 · 00:03

Una alerta de mensaje iluminó la pantalla del teléfono apoyado junto al humeante primer café, poco después de las seis de la mañana. El periodista activó el monitor de la notebook para leer casi de reojo -sin desatender la ceremonia del desayuno- y mordió la primera tostada. Era un mensaje instantáneo enviado por la oficina de prensa de la Fuerza Policial Antinarcotráfico (FPA) de Córdoba, sin duda alguna, el área de comunicación mejor desarrollada entre los organismos de seguridad.

Buscando el punto cardinal del operativo que diariamente informa la FPA, pero sin perder la atención puesta en su rutina diaria, el hombre de prensa comenzó a repasar las fotos recibidas junto a la escueta gacetilla de prensa. Daba cuenta de la caída de una banda de narcomenudistas, a partir de tres allanamientos realizados en barrios del sudeste de la ciudad de Córdoba.

Se trataba de imágenes similares a las que recibe todas las mañanas: un efectivo desplegado frente al domicilio allanado, con pasamontaña, casco, chaleco antibala reforzado y la Taurus apuntando al piso; los móviles de la fuerza; el dinero y la supuesta droga incautados exhibidos sobre una mesa y, como también es habitual, un uniformado redactando con su notebook el informe en el lugar de los hechos.

Hasta ahí, nada que rompiera con la cotidianidad de una gacetilla destinada a convertirse en una noticia más, ya que el secuestro no era de gran magnitud: un millón y chirolas en pesos y aproximadamente poco más de otro millón que se obtendría de la venta de las 2.785 dosis de cocaína incautadas.

Sin embargo, una de las imágenes condenó al periodista a que se le enfriara el café.

Fue justamente la del agente redactando el informe en el domicilio allanado. A espaldas del policía, sobre un mueble con cajonera y vitrina, cinco tazas decoradas con una flor esperaban en hilera la hora del desayuno, junto a un rollo de papel de cocina. Y centímetros más atrás, dos portarretratos con las fotos de los niños y la familia posando sobre y junto a un poni, en lo que debe haber sido un paseo dominguero... ¿o vacaciones? Un poco a la izquierda del encuadre de la imagen, un repasador apretujado en la manija del horno de la cocina de cuatro hornallas, sobre la cual aún estaban lo que parecía ser la olla con los restos de la cena y la pava para los mates que no se cebaron.

En la era de la comunicación, esa no era la foto de una "guarida de narcos", sino a imagen de la cocina de una familia modesta, a la que no parece sobrarle nada.

Justamente, con eso tiene que ver el narcomenudeo. Con la capacidad de las organizaciones criminales para llegar con alguna respuesta concreta allí donde el Estado solo siembra promesas.

Su fortaleza reside en ramificarse capilarmente, reclutando a quienes no tienen alternativa, o incluso a aquellos a quienes la opción se les presenta como un camino demasiado cuesta arriba.

Probablemente, los detenidos de ayer contarán con abogados prestados que jamás podrán pagar. Trajeados y bien perfumados, esos letrados obtendrán sentencias reducidas y libertades condicionales para condenar a sus "clientes" y sus familias a volver a las celdas de una cocina amorosa, quizá en otro barrio.

Y así caerán y saldrán un par de veces más. Hasta que un día ya no volverán a salir y serán reemplazados por otros nadies que nadie quiere ver.

El periodista dejó de "distraerse" con sus propios pensamientos, publicó la noticia en el portal y manoteó el café.

Estaba helado.

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